Hacer origami como
excusa para experimentar con el claroscuro. La forma en si misma se desdibuja y
se convierte en un mantra infinito donde cada punto de vista transforma la
maravilla del color.

Cada tono es afectado no solo por la luz, sino también por el entorno, el valor que une los espacios entre blanco y negro da a la obra volúmenes y profundidad, mi obra es tridimensional, tratada como escultura donde cada cara varía según la perspectiva.
Al desarrollar las teorías del color se descubren un sinfín de variables, este deja de ser inerte, y vibrar en conceptos diferentes; física, química y psicología.
El color es vivencial,
no todos tenemos las mismas sensaciones al pasar frente a él, desde tiempos
remotos es el color un mensajero del ambiente, siendo herramienta para la supervivencia.
En la contemporaneidad el color nos permite emociones primitivas, nos extrapola
a historias o nos llena de miedo a voluntad del creador.
Es el artista en si mismo un científico, trabaja no solo para las emociones personales sino también para experimentar con las emociones del observador. En cada obra se expresan leyes que en muchos casos están contra la naturaleza humana y plantea nuevas teorías y conceptos.
Soy alquimista, el
experimento no es solo conseguir oro, es discernir sobre visuales que
trasciendan lo efímero del papel y se siembren como emoción.
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